España ya tiene una segunda estrella y este lunes la paseó por el corazón de Madrid. La selección campeona del mundo regresó a casa un día después de conquistar el Mundial 2026, y lo hizo por todo lo alto: recepción real, saludo del presidente del Gobierno y un autobús descubierto que recorrió la capital entre banderas rojas y gualdas.
El país llevaba desde 2010 esperando este momento. La espera se rompió el domingo en el campo, y este lunes se convirtió en desfile por las calles de la capital.
Recibimiento real y camino a Cibeles
Los 26 internacionales aterrizaron en Madrid arropados por la Casa Real y por el presidente Pedro Sánchez. Desde los alrededores del Palacio de la Moncloa, residencia oficial del jefe del Ejecutivo, el plantel se subió al autobús descubierto para iniciar el trayecto hacia el centro.
La recepción tuvo aire de acontecimiento de Estado. La Corona y el Ejecutivo quisieron estar presentes en el regreso de un equipo que ha vuelto a colocar a España en lo más alto del fútbol mundial.
El bus avanzó despacio, entre una marea humana que no quería perderse el paso de los héroes. Miles de aficionados se agolparon a lo largo del recorrido. Trofeo en alto, los jugadores respondieron con cánticos y saltos sobre la plataforma.
Cibeles, el destino de siempre
El desfile terminó donde termina siempre la fiesta de La Roja: la plaza de Cibeles. Allí, junto a la fuente que corona a la diosa, se celebró el acto con los futbolistas, el punto de encuentro tradicional de las selecciones españolas cuando hay algo grande que festejar.
Cibeles no es un escenario cualquiera. Es el templo donde la selección ha festejado sus grandes citas, y este lunes volvió a cumplir con el rito. Los futbolistas levantaron el trofeo ante su gente y pusieron el broche a una jornada redonda.
La estampa se repitió como en las noches gloriosas del pasado. Camisetas rojas hasta donde alcanzaba la vista, bufandas al viento y el himno coreado una y otra vez. La segunda corona mundial, la primera desde Sudáfrica 2010, tenía por fin su puesta en escena.
Una fiesta que arrancó con el pitido final
El delirio no empezó en el aeropuerto. Empezó el domingo, en cuanto España selló el 1-0 ante Argentina. Desde ese instante, la Puerta del Sol y otras plazas de la capital se llenaron de gente. Banderas por todas partes, bengalas encendidas y un calor sofocante, con los termómetros rozando los 35 grados, que no frenó a nadie.
Fue una noche de euforia contenida durante horas y desatada de golpe. La afición no esperó a la vuelta del equipo para echarse a la calle: lo hizo nada más sonar el pitido final, y no paró.
Y del domingo por la noche se pasó, sin apenas descanso, al lunes de gloria. La afición volvió a salir, esta vez para arropar a un equipo que ya podía tocar el trofeo con sus propias manos.
La segunda estrella, ya en casa
Con este título, España suma su segundo cetro mundial y confirma que el proyecto vuelve a estar en la cima del fútbol internacional. El primero llegó en 2010; el segundo, dieciséis años después, en un torneo que la afición ya guarda en la memoria.
Ahora toca disfrutar. La estrella nueva luce en el escudo, la Copa del Mundo ha paseado por Madrid y Cibeles ha vuelto a vestirse de rojo. Queda la pregunta que ilusiona a todo un país: ¿es este el principio de algo aún más grande?
Fuentes
- ABC News (AP)
- Yahoo Sports
- Cover photo: Brian Minkoff- London Pixels / CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons


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