A la sombra de Messi y Mbappé: Kane dejó atrás a Lineker y ya sueña con la Bota de Oro

Con un cabezazo ante Panamá, Harry Kane superó a Gary Lineker y se convirtió en el máximo goleador mundialista de la historia de Inglaterra, un récord que aguantaba 36 años. Mientras el foco se lo llevan Messi y Mbappé, el ariete afila la puntería para la Bota de Oro con los cuartos ante Noruega a la vista.

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Corría el minuto 67 del 2-0 sobre Panamá cuando Harry Kane atacó el primer palo, se elevó y cabeceó al fondo de las redes. Era el 27 de junio. Y era mucho más que una diana.

Aquel tanto, el undécimo de su carrera en Copas del Mundo, aupó al capitán inglés por encima de Gary Lineker y lo convirtió en el máximo goleador mundialista de la historia de Inglaterra. Un récord vigente 36 años. Cayó casi sin ruido.

Y ahí reside lo curioso de esta gesta: el silencio que la envuelve. Mientras el planeta fútbol tiene los ojos puestos en el pulso entre Lionel Messi y Kylian Mbappé por la Bota de Oro, el ariete inglés reescribió la historia de su selección de puntillas, sin portadas a cinco columnas ni fuegos artificiales.

Ningún relumbrón, ningún gesto para la galería. Solo goles, uno detrás de otro, torneo tras torneo, hasta reducir a polvo una marca que parecía inamovible. La de Kane es la historia de un goleador silencioso que, mientras el ruido va por otro lado, no falla a su cita con la portería.

Un cabezazo para dejar atrás a Lineker

El asalto a la marca se venía cocinando desde la primera jornada. En el estreno ante Croacia (4-2), el 17 de junio, el ariete firmó un doblete que lo colocaba a la altura de los diez goles de Lineker. Empatado con la leyenda. A falta del último paso.

Ese paso lo dio frente a Panamá. El cabezazo del 11 borró una cifra que dormía en los libros desde 1990, el año en que Lineker cerró su cuenta mundialista. No fue un golazo de otra galaxia, ni le hacía falta: fue el gesto de un delantero que aparece cuando el marcador lo reclama, la definición misma de su carrera.

El propio Lineker, hoy una de las voces más escuchadas del análisis futbolístico, ya se había rendido ante él tras el choque con Croacia. «El mejor delantero inglés que hemos tenido nunca», proclamó en el podcast The Rest Is Football. Un relevo generacional certificado por el hombre al que Kane acababa de destronar.

La respuesta del goleador, con retranca inglesa, no tardó en llegar: «Perdona, Gary, ahora te llevo uno de ventaja».

Tres Mundiales que nadie más pisó

El dato que mejor retrata a Kane no es solo el número, sino su reparto en el tiempo. Ha marcado en tres Mundiales distintos: 2018, 2022 y esta edición de 2026. No es el fogonazo de un verano, sino una constancia estirada a lo largo de ocho años y tres citas. Una vigencia poco común en un rematador: mientras otros se apagan, él sigue encendido en su tercera aventura mundialista.

Ningún otro delantero inglés lo ha logrado. Ni Wayne Rooney. Ni Alan Shearer. Ni Geoff Hurst. Nombres mayúsculos del imaginario inglés que se quedan a este lado de la frontera. En esta estadística tan concreta, el club tiene un único socio, y se apellida Kane.

La Bota de Oro, a un suspiro

La otra conquista, la personal, sigue abierta de par en par. Según el rastreador de la Bota de Oro de adidas que publica ESPN, fechado el 9 de julio, Kane marchaba cuarto: seis goles y una asistencia en cinco partidos disputados.

Toda la conversación sobre el máximo artillero del torneo ha girado, semana tras semana, en torno a Messi y Mbappé, con Haaland como tercer invitado. Kane apenas ha sido una nota al pie en esa charla, pese a firmar seis dianas en cinco encuentros. La clase de números que, en otro contexto, encabezarían cualquier pronóstico de Bota de Oro.

Por delante, el duelo que acapara los titulares. Mbappé y Messi comparten la cima con ocho tantos cada uno, empatados al milímetro. Y ahí entra en juego el desempate: cuando los goles coinciden, la Bota se decide por asistencias, un criterio que hoy sonríe al francés (tres) frente al argentino (una). Un escalón por debajo espera Erling Haaland, con siete.

Las cuentas del inglés son sencillas de leer. Está a un solo gol de Haaland y a dos de los colíderes. Poco margen para el rival, cierto, pero nada inalcanzable en un torneo que sigue vivo y con su olfato intacto. En unas rondas finales donde cada cruce puede disparar a un artillero, dos goles se recortan en una sola tarde.

Y ahora, el cruce con Haaland

El siguiente capítulo tiene guion de duelo de pistoleros: los cuartos de final ante la Noruega de Erling Haaland. Dos de los grandes goleadores del campeonato, cara a cara, con un billete a las semifinales y un buen pellizco de la carrera por la Bota de Oro sobre el tapete.

Uno persigue el récord del torneo. El otro ya reescribió el de todo un país. Kane hizo historia sin levantar la voz. Ahora quiere que, por fin, se le oiga.

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