Argentina está a un solo triunfo de volver a tocar el cielo. Los campeones vigentes se citan con Inglaterra el próximo 15 de julio en Atlanta por un billete a la final del Mundial, y en el corazón de esa ilusión late, como siempre, Lionel Messi.
Es, según se ha repetido de una punta a otra del planeta, su último Mundial. La propia FIFA ha envuelto la despedida en la etiqueta del "último baile". Y el guion, hasta aquí, se está escribiendo con lágrimas.
Las lágrimas ante Egipto
En los octavos de final, la Albiceleste sufrió de lo lindo antes de imponerse a Egipto (3-2). Messi marcó en aquel cruce y, al hacerlo, firmó una marca de leyenda: seis partidos consecutivos de eliminación mundialista en los que ha visto puerta.
El capitán rompió en llanto sobre el césped. No era para menos. Dueño de los récords históricos de goles y de asistencias en la historia de los Mundiales, y campeón del mundo en 2022, el '10' parece saborear cada tanto como si pudiera ser el último. Porque, quizá, lo sea.
La imagen dio la vuelta al mundo. Un futbolista que lo ha ganado absolutamente todo, emocionado hasta las lágrimas por un gol en octavos, dice más que cualquier análisis sobre lo que significa este torneo para él. No es un partido más. Es el escenario donde escribió la página más grande de su carrera, y al que ha vuelto sabiendo que no habrá otra.
"Disfrutá el momento"
En medio de aquella emoción apareció Lautaro Martínez. El delantero se acercó a Messi y le pidió que disfrutara del instante, recordándole que este es su último Mundial. Una frase sencilla, dicha casi al oído, que retrató mejor que cualquier pizarra lo que se juega la selección argentina en estas semanas.
Porque esto ya no va solo de ganar partidos. Va de despedir a lo grande al hombre que llevó a la Albiceleste a lo más alto del fútbol, y de hacerlo mientras aún se puede.
Suiza, otro paso al límite
El pase a semifinales llegó, de nuevo, por la senda del sufrimiento. En los cuartos, el conjunto argentino derrotó a Suiza (3-1) tras un desgastante duelo que se estiró hasta la prórroga. Esta vez el nombre de Messi no apareció en el marcador: los tantos fueron obra de Julián Álvarez y del propio Lautaro, aunque el capitán volvió a andar metido en la gestación del juego.
Poco importa quién firma los goles cuando el equipo avanza. Argentina apretó los dientes, resistió y se coló entre los cuatro mejores del planeta. La maquinaria ya no depende de un solo hombre, y esa puede ser la mejor noticia de cara a lo que viene: un rival exigente en una semifinal no admite dependencias de nadie.
A un partido de la final
Ahora, Inglaterra. El último muro antes de una final que lo tendría absolutamente todo. Una victoria en Atlanta dejaría a los campeones vigentes a un solo partido de revalidar la corona y, de camino, regalaría a Messi una última cita por el título en la mayor de las citas.
Nadie conoce todavía el desenlace del cruce del 15 de julio, y sería una temeridad adelantarlo. Un choque de semifinal mundialista rara vez sigue el guion previsto. Lo que sí se sabe es lo que hay en juego: la posibilidad de que el "último baile" del que habla la FIFA termine, una vez más, con la Albiceleste sobre el escenario.
En Atlanta, Messi volverá a salir al ruedo en lo que el planeta entero asume como su despedida de los Mundiales. Un triunfo y estará a las puertas de repetir la gloria de 2022. Una derrota y el telón caerá antes de tiempo. El país, y buena parte del mundo, contendrá la respiración.



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