Ocaso de la generación dorada: Bélgica se despide del Mundial, y Courtois lo hace entre lágrimas

La caída en cuartos ante España (2-1) no es un tropiezo más: es el punto final de la mejor generación que ha tenido Bélgica. Con Courtois roto y De Bruyne mirando a la salida, el relevo ya llama a la puerta.

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No fue solo una derrota. La eliminación de Bélgica en los cuartos de final del Mundial 2026, ante España y por 2-1, es el certificado de defunción de la mejor generación que ha tenido este país. La que llegó a ser número uno del mundo y se marcha, otra vez, sin un solo título que colgar en la pared.

Del número uno del mundo a cuartos: una década de despedidas

El 20 de septiembre de 2018, los Diablos Rojos se instalaron en lo más alto del ranking FIFA y allí se quedaron casi cuatro años, el tercer reinado más largo en la historia de la clasificación, solo por detrás de España y Brasil, según la propia FIFA. Aquel verano habían firmado el tercer puesto en el Mundial de Rusia. Ninguna generación belga había prometido tanto.

Y aun así, el gran título nunca llegó. La lista de despedidas duele al repasarla: caída en cuartos ante Italia en la Eurocopa 2020 (2-1), eliminación en la fase de grupos del Mundial 2022, la primera de Bélgica desde 1998, y adiós en octavos frente a Francia en la Eurocopa 2024 (1-0). Cada torneo, un peldaño más abajo. Cada adiós, un poco más callado.

La de este año, en el SoFi Stadium, tiene además un matiz definitivo. Ya no queda casi nadie de aquel equipo que enamoró a medio mundo. Y los que resisten miran de reojo hacia la puerta de salida.

Courtois, entre lágrimas: el símbolo de un final

La imagen del cruce no fue un gol ni una gran jugada. Fue Thibaut Courtois abandonando el campo en el minuto 71, cabizbajo, con los ojos empañados. El guardameta, de 34 años, lo explicó después con sus propias palabras: «Hice un saque de puerta y sentí mucho dolor en el cuádriceps... Al final el técnico decidió cambiarme». Nada de una molestia difusa: dolor en el muslo, según su propio relato.

Rudi Garcia no lo escondió. «Desde el inicio del Mundial no quería en el campo a jugadores que no estuvieran al cien por cien, y hoy ese era Courtois», reconoció el seleccionador, que describió la baja de su portero como «un golpe duro de encajar». El técnico deslizó, además, que el meta se planteaba tomarse un año alejado de la selección, aunque todavía no lo había comunicado ni a la federación ni a sus compañeros.

Y no es el único con un pie fuera. Kevin De Bruyne, de 35 años, ya avisó a Het Laatste Nieuws en septiembre de 2024 de que «probablemente» dejaría la selección tras el Mundial 2026, con un matiz de por medio: «ya veremos», nada estaba cerrado. Añádanse Axel Witsel (37 años, 136 internacionalidades), el propio Courtois (107) y Romelu Lukaku (34, 124), y el retrato queda claro: un núcleo entero que llega, a la vez, al final del camino.

Duele porque el talento estuvo. De Bruyne, Courtois, Lukaku, Hazard en sus días: nombres para ganar cualquier cosa. Les faltó el gran título, y ya no habrá segunda oportunidad para casi ninguno.

Sería injusto, eso sí, cargar contra Rudi Garcia o contra este grupo por lo ocurrido. Bélgica compitió, aguantó a España hasta el tramo final y cayó por un desliz puntual, no por falta de fútbol. Lo que se cierra es un ciclo, no un proyecto. Y esa distinción importa.

El relevo ya llama a la puerta

Aquí es donde la crónica de un funeral se convierte en otra cosa. Mientras los veteranos se despedían, los jóvenes respondían. El tanto del empate, un cabezazo de Charles De Ketelaere en el minuto 41, puso fin a una racha de 649 minutos sin encajar de Unai Simon en el torneo, según Opta. No fue casualidad.

Bélgica cerró el Mundial con 13 goles, la segunda mejor cifra de toda la competición, solo por detrás de Francia. Y buena parte de ese fútbol llevó firma joven: Jeremy Doku desbordando por la banda, De Ketelaere apareciendo en el área, Amadou Onana mandando en el medio, Matias Fernandez-Pardo asomando con descaro. La materia prima está.

Ya lo dijo Eden Hazard el 7 de diciembre de 2022, el día que anunció su retirada internacional tras el fiasco de Catar: «He decidido poner fin a mi carrera internacional» y «la próxima generación está lista». Tres años y medio después, aquella frase suena menos a consuelo y más a profecía.

Nadie regala nada en un Mundial, y Bélgica lo ha vuelto a comprobar por la vía dolorosa. Pero la pregunta que deja este adiós no es si la generación dorada se acabó, eso ya está claro, sino si la que viene sabrá culminar la obra que aquella dejó a medias. La respuesta empieza a escribirse ahora.

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