Uno de cada cuatro: el Mundial que reconcilió a Canadá con el fútbol

El país del hockey vivió su primera gran gesta mundialista como anfitrión. Y aunque el sueño se apagó en octavos, los números que dejó el torneo marcan un antes y un después para el fútbol canadiense.

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Un país de hockey rendido al balón

Uno de cada cuatro canadienses siguió, en algún tramo, la aventura de su selección en el Mundial. En una nación donde el deporte rey se disputa sobre el hielo, con un disco y no con un balón, la cifra roza lo revolucionario. Un país entero, o al menos una parte muy grande de él, aprendió de golpe a mirar hacia el césped.

El sueño se apagó en Houston, con una caída ante Marruecos (3-0) en los octavos de final. Pero reducir el verano canadiense a ese marcador sería perderse la historia de fondo. Lo que el torneo dejó en la nación anfitriona no cabe en un acta arbitral, ni se explica solo con la eliminación.

Por primera vez desde que existe el programa, Canadá pisó una eliminatoria mundialista. El conjunto que se presentó al torneo instalado en el puesto 30 del ranking FIFA no hace tanto malvivía en el puesto 122, un ascenso que resume el trabajo de toda una generación.

Los números redondean la gesta. Dos victorias y nueve goles en una sola cita mundialista suenan modestos para las potencias de siempre, pero para Canadá equivalen a reescribir su historia: en 1986 y 2022 juntas se marchó sin conocer el triunfo. Esta vez fue distinto. Compitió, ganó y emocionó.

Once millones de razones para creer

La televisión lo narró mejor que nadie. Según los datos de audiencia de TSN que recoge Sports Illustrated, las retransmisiones de la fase de grupos y de los dieciseisavos de final rebasaron los 11 millones de espectadores. En total, cerca de uno de cada cuatro habitantes del país se enganchó a algún momento del recorrido.

No es una cifra menor en tierra de hockey. Durante semanas, las camisetas rojas se multiplicaron y los bares se llenaron para seguir a un equipo que, hasta hace poco, apenas ocupaba un rincón en las páginas deportivas. El fútbol, tantas veces relegado al segundo plano, se coló de lleno en la conversación nacional.

La condición de país organizador amplificó cada paso. Canadá compartió la sede del Mundial con Estados Unidos y México, y jugar en casa, ante su propia gente, transformó la andadura del equipo en un acontecimiento colectivo. La gesta no quedó reservada a los aficionados de siempre: sedujo también a los curiosos, a los que nunca antes se habían sentado a ver noventa minutos de fútbol.

La herencia que se cuenta en millones

El impacto se mide también en las cuentas. Por alcanzar los octavos de final, la FIFA repartió a Canadá 18,5 millones de dólares en premios. Y la campaña de recaudación "Canada Rising", impulsada por la Canada Soccer Foundation, superó su meta de 25 millones dieciocho meses antes de lo previsto, según Sports Illustrated y el Comité Olímpico canadiense.

El efecto arrastre alcanzó de lleno a la tesorería federativa. Canada Soccer proyecta para 2026 un superávit de 4,61 millones de dólares, toda una rareza para un organismo habituado a las estrecheces económicas. El Mundial no solo cambió la percepción del balón en el país: enderezó también sus finanzas y le dio un colchón para invertir en lo que viene.

Para una federación que durante décadas peleó por sobrevivir, la cifra es casi poética. El fútbol canadiense pasó de contar céntimos a proyectar superávits, y lo hizo en el mismo verano en que la selección conquistó el corazón del país.

Marsch, Davies y el horizonte de 2030

La federación se movió rápido para blindar el proyecto. Jesse Marsch, el técnico que dirigió la gesta, firmó una renovación que lo mantiene en el banquillo hasta el ciclo del Mundial de 2030. Una apuesta clara por la continuidad después del mejor torneo de la historia canadiense.

Queda, además, una espina clavada. Alphonso Davies, la gran estrella del país, apenas disputó 15 minutos en cinco partidos mientras arrastraba una lesión en el isquiotibial. Su ausencia obligó a otros a dar un paso adelante: Stephen Eustaquio, el segundo capitán, firmó el tanto que doblegó a Sudáfrica.

La foto final, sin embargo, no es la de una despedida sino la de un punto de partida. La federación tiene dinero fresco, un entrenador atado a largo plazo y una afición nueva que descubrió el fútbol en pantalla y quiere más.

El recorrido terminó en Houston, cierto. Pero la pregunta ya no es si Canadá pertenece a la elite del fútbol mundial, sino hasta dónde puede crecer desde aquí. Con Davies recuperado y Marsch al mando camino de 2030, el país que ama el hielo acaba de descubrir que también puede enamorarse de un balón.

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