Radiografía de un dominio: cómo España sometió a Bélgica pese a que el marcador no lo dijera

Diecisiete disparos a cinco, 2,08 de xG y un Rodri que igualó el récord de Kroos: los números explican una superioridad que el 2-1 apenas deja entrever. El análisis del plan con el que La Roja se metió en las semifinales del Mundial.

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El 2-1 con el que España derrotó a Bélgica en los cuartos de final del Mundial y firmó su pase a semifinales cuenta una historia a medias. El marcador habla de pulso; los números, de dominio. La Roja disparó 17 veces por las 5 de los belgas y aventajó a su rival en goles esperados por 2,08 a 0,37, según los datos de Opta recogidos por The Analyst. La crónica ya narró los goles. Lo que interesa aquí es el mecanismo: cómo se construyó esa superioridad.

La apuesta que desniveló el centro del campo

Luis de la Fuente planteó un 4-3-3 con una única novedad de calado: Fabián Ruiz en el once, junto a Rodri, en lugar de Pedri. "Sabemos lo que nos van a dar estos jugadores cuando los ponemos... Hemos elegido a los mejores jugadores y personas del mundo, y se llevan de maravilla", justificó el seleccionador tras el choque, en declaraciones a ESPN.

Enfrente, Bélgica dibujó otro 4-3-3, aunque con el plan tocado antes de arrancar. Youri Tielemans se cayó del once por una lesión en el calentamiento, según ESPN, y con él se resintió el filtro que debía frenar a la medular española. Raskin ocupó su lugar, pero el engranaje belga nunca llegó a sujetar a los de De la Fuente.

El costado derecho, la palanca del 1-0

El primer tanto brotó justo donde España más apretó: la banda derecha. En el minuto 30, Lamine Yamal habilitó a Pedro Porro, cuyo centro peinó hacia Dani Olmo. Thibaut Courtois repelió el remate de Olmo, pero el rechace le quedó franco a Fabián Ruiz, que no perdonó, según relató ESPN. La superioridad por ese carril, con Yamal y Porro combinando una y otra vez, fue una constante de la primera mitad. La sorpresa de la alineación acabó firmando la anotación.

Rodri, el metrónomo del plan

El control tuvo nombre propio: Rodri. El mediocentro dirigió la salida desde un solo pivote y cerró el torneo con 62 pases rompelíneas en el último tercio, esos que superan a rivales entre líneas. La cifra iguala el récord para una sola edición del Mundial que Toni Kroos fijó en 2014, según Opta. Junto a él, Fabián Ruiz ofreció una segunda salida limpia, y entre ambos obligaron a Bélgica a perseguir el balón durante tramos enteros.

El dominio ya era palpable al descanso, pese a que el electrónico reflejara un 1-1. Sofascore lo puso por escrito: al filo del intervalo, España acumulaba 9 disparos (3 a puerta) por 1,08 de xG y un 62% de posesión, frente a los 2 remates (1 a puerta) y 0,18 de xG de Bélgica. Los números apuntaban a un lado; el resultado, al otro.

El empate llegó a contracorriente

¿Cómo igualaron entonces los belgas? Contra el signo del partido. El cabezazo de Charles De Ketelaere, tras un centro de Timothy Castagne, cayó en el minuto 41, cuatro antes del descanso, y llegó, en palabras de la propia Opta, "a contracorriente". Ese tanto cortó una racha de imbatibilidad de Unai Simon que Opta cifra en 649 minutos (otros medios la redondean a unos 650 y no concretan el minuto). El aviso era nítido: Bélgica no mandaba, golpeaba. Vivía del balón parado y de la transición, no de un control sostenido, y su gol fue la prueba.

El banquillo, el arma que decidió

Cuando el duelo pedía piernas frescas, De la Fuente movió el banquillo. Pedri relevó a Fabián Ruiz en el 55 y Nico Williams entró por Mikel Oyarzabal en el 79, según el acta del encuentro.

Bélgica, en cambio, encajó un cambio que no eligió. En el 71, Courtois se retiró lesionado y dejó la portería a Senne Lammens. El propio guardameta explicó el origen del problema: "Saqué de puerta y sentí mucho dolor en el cuádriceps". Su técnico, Rudi Garcia, lo confirmó a ESPN: "No quería jugadores sobre el campo que no estuvieran al cien por cien, y ese era Courtois hoy... No queríamos que la lesión fuera a peor, por eso lo cambiamos". Perder al portero y capitán en plena asfixia desarboló la última línea belga en el peor momento.

El desenlace lo firmó otra pieza del banquillo. Mikel Merino saltó al césped en el 86 y marcó en el 88: Lammens no blocó un disparo lejano de Pau Cubarsi y el navarro cazó el rechace, según ESPN. Era su segundo gol como suplente en esta fase de eliminación directa, después del que ya había decidido los octavos ante Portugal. La profundidad de la plantilla española no es un adorno: es parte del plan.

El 2-1 quedará en el acta. El cómo, en cambio, es un aviso para Francia, próximo rival en las semifinales: esta España no necesita ir por delante para adueñarse del partido. Y ese, más que el resultado, es el dato que debería inquietar en el vestuario galo.

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